Frenilectomía: en qué consiste, cómo es la recuperación y qué preguntar antes

Cuando a unos papás les dicen que su hijo necesita una frenilectomía, la primera reacción casi siempre es la misma: la palabra suena a quirófano. Y no lo es.
Este artículo asume que ya hay un diagnóstico. Si todavía estás en la etapa de "¿lo tendrá?", conviene empezar por reconocer las señales, que es un tema aparte. Aquí voy a lo que sigue después del diagnóstico.
Qué es exactamente
Una frenilectomía es la liberación del frenillo: esa membrana delgada que une la lengua al piso de la boca y que, cuando es demasiado corta o gruesa, le quita movilidad.
Se hace con anestesia local en la gran mayoría de los casos y toma unos pocos minutos. Puede realizarse con tijera quirúrgica, con electrobisturí o con láser; ninguna de las tres es mágicamente superior a las otras y la elección depende del caso, de la edad y de con qué trabaja mejor el profesional. Desconfía un poco de quien te venda la técnica como si fuera el tratamiento.
En bebés muy pequeños a veces ni siquiera se requiere anestesia, porque el frenillo en esa etapa es una membrana muy fina y con muy poca irrigación.
Cómo es el día del procedimiento
Un bebé suele poder volver a alimentarse casi de inmediato, y no es raro que la diferencia en el agarre se note en esa misma toma. Es el momento en que más de una mamá se suelta a llorar en el consultorio, después de semanas de dolor.
En niños más grandes el proceso es igual de rápido, pero la recuperación se siente un poco más. Es normal que ese día no quieran comer cosas duras y que estén más callados de lo habitual. Suele haber molestia leve por dos o tres días, manejable con lo que indique el dentista.
La zona se ve blanquecina mientras cicatriza. Eso asusta a muchos papás y no debería: no es infección, es el aspecto normal de una herida en la boca.
Los ejercicios no son opcionales
Esta es la parte que más se pasa por alto y la que más determina el resultado.
Las heridas dentro de la boca cicatrizan rápido, y esa velocidad juega en contra: si los dos bordes del corte se vuelven a pegar mientras sanan, la lengua queda tan limitada como antes. Por eso, después de una frenilectomía casi siempre se indican ejercicios de estiramiento y de movilidad durante varias semanas.
Suenan a poco y son incómodos de hacer, sobre todo en bebés. Pero saltárselos es la causa más frecuente de que un procedimiento bien hecho termine sin resultado. Si el profesional que te atiende no te da indicaciones de seguimiento, pregúntalas.
Qué preguntar antes de decidir
Estas son las preguntas que yo querría que me hicieran:
- ¿Qué función específica está limitada? La respuesta debería ser concreta —el agarre al pecho, un sonido, la movilidad— y no "es que se ve corto".
- ¿Se intentó algo antes? En bebés, una asesoría de lactancia. En niños con problemas de habla, una valoración de lenguaje.
- ¿Qué seguimiento incluye? Ejercicios, cita de control, y a quién llamar si algo se ve raro.
- ¿Qué pasa si no se hace? Un profesional honesto puede describirte ese escenario sin dramatizarlo.
Lo que hay que tener claro
La frenilectomía resuelve una limitación mecánica. No enseña a succionar ni corrige la pronunciación por sí sola.
En un bebé, libera la lengua para que pueda agarrarse bien, pero a veces hace falta acompañamiento de lactancia para reaprender el patrón. En un niño con dificultad de habla, le da a la lengua el rango de movimiento que necesita, y después la terapia de lenguaje hace el resto.
Visto así, no es la solución completa: es quitar el obstáculo que impedía que las demás cosas funcionaran. Cuando está bien indicada, ese cambio es enorme. Cuando no lo está, es una cirugía que no resuelve nada.

Dra. Vanessa Machuca
Especialista en Odontopediatría. Con años de experiencia en el campo de la odontología, se dedica a compartir su conocimiento para mejorar la salud dental de sus pacientes.
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