Frenillo lingual corto: cómo reconocerlo y cuándo vale la pena revisarlo

La escena más frecuente es esta: una mamá recién parida, agotada, con el pecho lastimado, que lleva tres semanas escuchando que "es normal que duela al principio". No es normal. Y una de las causas que más se pasa por alto es el frenillo lingual corto.
La segunda escena, años después, es la del niño de cinco que no pronuncia la erre y a quien todos le dicen que ya le va a salir.
Son el mismo problema en dos momentos distintos de la vida, y en los dos vale la pena revisarlo. Pero también quiero ser honesta desde el principio: esto se sobrediagnostica.
Qué es exactamente
Debajo de la lengua todos tenemos una membrana delgada que la une al piso de la boca. Se llama frenillo lingual y su función es sujetarla. Cuando esa membrana es más corta, más gruesa o se inserta más adelante de lo habitual, la lengua pierde movilidad.
La palabra clave ahí es movilidad, no aspecto. Un frenillo puede verse corto y funcionar perfectamente, y otro puede verse discreto y estar limitando de verdad. Por eso la evaluación nunca es una foto: es ver qué puede y qué no puede hacer esa lengua.
Las señales en el bebé lactante
En los primeros meses el problema no se manifiesta en la boca del bebé, sino en la lactancia. Esto es lo que me hace sospechar:
- Dolor persistente al amamantar, o pezones agrietados que no mejoran aunque se corrija la postura.
- El bebé se prende y se suelta constantemente, o hace un chasquido al succionar.
- Tomas larguísimas que terminan con el bebé cansado y todavía con hambre.
- Poco aumento de peso pese a que come todo el tiempo.
- La lengua no logra pasar por encima de la encía inferior, o al llorar se ve con forma de corazón en la punta.
Ojo con algo importante: ninguna de estas señales por sí sola confirma nada. El dolor al amamantar tiene muchas causas y la mayoría no son el frenillo. Lo que orienta es que varias coincidan y que no mejoren corrigiendo la técnica con una asesora de lactancia.
Las señales en el niño más grande
Si la lactancia salió bien, el tema puede reaparecer más tarde. En niños de tres años en adelante lo que se ve es dificultad para levantar la lengua hacia el paladar, problemas para lamer un helado o limpiarse los dientes con la lengua, y ciertos sonidos que no terminan de salir.
Sobre el habla quiero matizar, porque es donde más confusión hay. La mayoría de los problemas de pronunciación en niños no son por frenillo: son de desarrollo normal y se resuelven solos o con terapia de lenguaje. El frenillo se vuelve sospechoso cuando afecta específicamente sonidos que necesitan que la punta de la lengua toque el paladar, y cuando además hay limitación mecánica visible.
Por qué digo que se sobrediagnostica
En los últimos años el tema se volvió popular y el péndulo se pasó de largo. Hoy me llegan bebés a los que se les indicó cirugía sin que nadie hubiera evaluado la lactancia, y niños operados por un problema de pronunciación que era simplemente su edad.
Un frenillo corto que no está causando ningún problema no necesita tratarse. La existencia del hallazgo no es la indicación; el hallazgo más la limitación funcional, sí.
Cómo se evalúa bien
Una buena valoración mira tres cosas: cómo se ve el frenillo, cuánto se mueve la lengua realmente, y qué función está fallando. En bebés eso implica idealmente observar una toma. En niños mayores, escucharlos hablar y pedirles movimientos concretos.
De ahí salen tres respuestas posibles: no hay nada que hacer, hay que trabajar la función primero, o conviene liberar el frenillo. Si la respuesta es la tercera, el procedimiento es sencillo y lo explico a detalle en el artículo sobre frenilectomía.
Lo que no recomiendo es decidir con una sola mirada de dos segundos, ni en un sentido ni en el otro.

Dra. Vanessa Machuca
Especialista en Odontopediatría. Con años de experiencia en el campo de la odontología, se dedica a compartir su conocimiento para mejorar la salud dental de sus pacientes.
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